EL Lider
Escrito por Gustavo Le Bon   
La multitud es un dócil rebaño incapaz de vivir sin amo.

                                                       Gustavo Le Bon

    N

uestra especie es sin duda alguna la más compleja de todas las que habitan el planeta. Los antropólogos, psicólogos, sociólogos y demás estudiosos de nuestro comportamiento, saben perfectamente que esa masa carnosa de 1.500 gramos, que contiene 10.000 millones de células nerviosas, a la que llamamos cerebro, es una caja de continuas sorpresas. A veces, ni explorando en lo más profundo de las interioridades del ser humano son capaces de encontrar una explicación a sus reacciones o actitudes.

         El hombre, que está obsesionado en alcanzar las mayores cotas de superioridad y poder y en dominar a sus semejantes hasta los límites más extremos, paradójicamente, tiene una necesidad innata de obedecer. Según el sociólogo francés Gustavo Le Bon, cuando un cierto número de seres vivos se reúnen, bien sea un rebaño o una multitud humana, sienten la necesidad de que alguien les dirija, y se someten instintivamente a aquel que se erige en su jefe. Aristóteles hizo la más perfecta definición del ser humano: El hombre es un animal social.

         El mundo está dividido entre ricos y pobres, entre cristianos y musulmanes, entre socialistas y conservadores, y cada uno de estos grupos tiene su jefe, su cabecilla, su líder. Tras la muerte de un líder, bien sea civil, religioso o militar, inmediatamente surge otro que le sustituye. Ningún grupo puede estar mucho tiempo sin líder. Es necesario que alguien muy seguro de sí mismo les transmita confianza, les oriente y les dirija. Para Sigmund Freíd, este fenómeno obedece a un impulso del subconsciente. Al obedecer y seguir al líder, subconscientemente sentimos realizar nuestro propio yo, por identificarnos con él.

         Algunas personas piensan que los líderes son de origen innato «Estaba predestinado para ello» «Desde niño ya era un dirigente» «Nació para ser un líder». Otros, sin embargo, creen que son personas que se encuentran en el sitio adecuado en el momento preciso. Quizá esto sea lo más acertado ¿Habría sido José Luís Rodríguez Zapatero un líder si hubiera nacido en otra época? Tal vez no. Quizá hubiera sido lo que era antes de ser líder, profesor de Derecho Político, o empleado de banca, o simplemente un parado más.

         En alguna etapa de nuestra vida, todos nos hemos sentido especialmente fascinados por alguien al que hemos seguido fielmente: el compañero de trabajo por su capacidad para resolver conflictos laborales, el deportista por su constitución atlética o sus victorias, o el amigo que organiza y dirige fiestas y reuniones. Pero quizá la figura más influyente en nosotros sea la del líder político. Hombres con un gran poder persuasivo, como Mao Tse-Tung o Lech Walesa han cambiado el curso de un país en todos sus aspectos. Hay un refrán chino que dice: “Dios libre a los pueblos de los grandes hombres”. Recordemos las atrocidades cometidas por los regímenes de Hitler, Franco, Ceaucesco o Pinochet.

         En las sociedades modernas el líder político no surge de repente, como ocurría antes con los revolucionarios salvadores de la Patria: Fidel Castro, Ernesto Guevara, etc. Ahora es un grupo el que lo designa para dirigir con firmeza la propia organización y, con el fin de obtener los mejores resultados electorales, ya que el electorado cada vez valora más la popularidad y credibilidad de un líder.

         El electorado espera mucho de la figura del líder, por eso, éste ha de dar ejemplo de laboriosidad y disciplina. Tiene que ser algo así como el jefe de los boy-scouts, el primero en levantarse, el primero en comenzar la tarea y el primero en afrontar cualquier eventualidad con coraje y valentía. El líder ha de poseer unas características personales extraordinarias. Debe tener autoridad, carisma, energía, inteligencia, dotes de mando y capacidad para tomar decisiones con rapidez y firmeza. Pero los factores más importantes que avalan su labor son la legitimidad y el altruismo. El prestigio depende de su éxito y desaparece ante el fracaso.

José Antonio Mayo Abargues

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